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Coyuntura y Perspectivas Económicas de la Argentina

 

¿Puede haber un repunte de la actividad en 2015?

Marco Lavagna, Director de Ecolatina, presenta un adelanto de lo que será su conferencia. Además de la escasez de divisas, ¿qué otros desafíos se presentan? ¿Qué factores apuntalan o descartan una recuperación de la economía argentina en 2015? ¿ Cuáles son las perspectivas a largo plazo?

La discusión relevante en torno a la evolución del nivel de actividad en 2015 no se centra
en la viabilidad de un crecimiento sostenible a tasas elevadas, sino sobre algo mucho
más modesto: la posibilidad de que el PBI recupere, en el mejor de los casos, el terreno
cedido en 2014. Vale destacar que el año pasado la caída del producto orilló 2%.
Lamentablemente, lograr un crecimiento genuino liderado por la inversión requiere un
cambio integral en la política económica que este gobierno ya no va a realizar. En
cambio, sí es factible pensar que, con renovados estímulos al consumo y un aumento de
los insumos importados para lubricar el proceso productivo, podría darse un rebote.
De todas maneras, tampoco está garantizado un repunte del nivel de actividad. Para que
ello suceda el gobierno debería, en primera instancia, distender la restricción externa,
especialmente en el frente de importaciones. No es un buen auspicio que en los últimos
tiempos el BCRA haya frenado el giro de divisas para pagar importaciones.
Pero la escasez de divisas no es el único desafío. Además, el gobierno debería apuntar a
moderar la inflación para que no se licúen las mejoras nominales de los ingresos de las
familias. Y, por último, financiar una política fiscal expansiva (típica de año electoral) vía
fuentes menos nocivas que la asistencia del BCRA (apelar sólo a la emisión para cubrir
el creciente déficit público potenciaría las presiones cambiarias/inflacionarias).
Hasta ahora las autoridades económicas dejaron trascender la intención de:

i) no acordar/dilatar negociaciones con holdouts;
ii) conseguir financiamiento externo alternativo (principalmente de China) y, eventualmente, colocar algo de deuda en los mercados de capitales;
iii) volver a utilizar el tipo de cambio y las tarifas como anclas nominales frente a la inflación;
iv) aplicar una política monetaria algo más laxa (baja de tasas) para estimular el crédito;
v) mantener una política fiscal expansiva.

En base a los lineamientos de política oficial mencionados, condicionantes internos,
perspectivas internacionales y el rol de las expectativas de los agentes económicos
frente a un cambio de gobierno, podríamos enumerar diversos factores que apuntalan
o descartan una recuperación de la economía argentina en 2015.
A favor de un repunte de la actividad:
• La desaceleración de la inflación producto del atraso cambiario y tarifario permitiría
en el corto plazo mejorar el poder adquisitivo de las familias.
• El atraso de las tarifas más un fuerte aumento de las transferencias de planes
sociales, apuntalaría el ingreso disponible de las familias.
• Las expectativas de una mejora de la política economía con el próximo presidente
electo mantiene abierta una ventana de acceso a los mercados de capitales.
• Si se prolonga la paz cambiaria (gracias a la asistencia de China y la expectativa del
mercado financiero de una recuperación del valor de los activos financieros locales),
el BCRA podría relajar la política monetaria para dinamizar el crédito.
• Una política fiscal expansiva podría dinamizar la actividad si se financia parcialmente
con crédito externo.

En contra de un repunte de la actividad:

• Las exportaciones van a caer en 2015, por menores precios internacionales de las
commodities, por atraso cambiario, y por un acopio significativo de la cosecha
agrícola a la espera del próximo presidente electo.
• Además de menores exportaciones, este año hay que pagar el doble de
vencimientos de deuda pública que el año pasado. Si el gobierno no consigue
abultado financiamiento externo, será imposible siquiera mantener el nivel de
reservas e importaciones del año pasado.
• Pese a que aún persiste abierto el acceso a los mercados de capitales, posponer un
acuerdo con holdouts diluye la oportunidad del gobierno de conseguir
financiamiento externo abultado a menores tasas.
• A medida que se acerquen las elecciones crecerán las expectativas de devaluación
por la insostenibilidad del atraso cambiario. En el segundo semestre las presiones
cambiarias volverían al centro de la escena, afectando al nivel de actividad.
• Una política fiscal expansiva financiada con emisión aumentaría las presiones
cambiarias e inflacionarias abortando la posibilidad de un repunte de la actividad.
• Arrastre estadístico negativo: según nuestras estimaciones, la caída de casi 2% del
PBI durante 2014 implica, ceteris paribus, un descenso del PBI de 1% para este año.
A priori el balance de fuerzas luce equilibrado, por lo que recuperar el terreno cedido en
2015 parece complejo de alcanzar.

Perspectivas de largo plazo

En 2015 se completarán dos años de magra actividad con inflación elevada y riesgos
cambiarios. Pero las perspectivas para los años siguientes son alentadoras.
Así como la performance dependerá de la política económica que se aplique, el
programa estará fuertemente condicionado por el punto de partida. No es lo mismo que
un nuevo gobierno encuentre una economía estancada y con inflación elevada pero
estable, que se enfrente un marco de crisis cambiaria, caída del producto, restricción
externa, aislamiento de los mercados y riesgos de espiralización de la inflación.
En el primer caso, el nuevo gobierno puede apoyarse en el shock de confianza y
financiamiento externo para elaborar primero un programa de corrección cambiaria
ordenada y luego un plan de nominalidad descendente acordado con los distintos
actores sociales, que incluya metas para el tipo de cambio, la inflación, las tarifas y los
salarios, dando lugar a un escenario de corrección ordenada en el largo plazo.
Un programa de estas características puede devolver el entorno de crecimiento con
reducción gradual de la nominalidad evitando tener que anclar el tipo de cambio para
contener la inflación. Como la actual restricción externa no responde a un problema
estructural sino de management, el costo de implementación de un ordenamiento es
sensiblemente menor que en otros episodios del pasado.
Pero si el punto de partida del nuevo gobierno es en el marco de crisis cambiaria, el
margen para establecer metas graduales es muy bajo en un contexto de carrera nominal.
En 2016 la economía tiene la oportunidad de ingresar a un período de crecimiento
ordenado (menos volátil) y sustentable en el tiempo, evitando así caer en un nuevo ciclo
de auge y depresión.

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